Uno de los lugares más extraños que hay para conocer en Chascomús está a apenas cinco minutos del centro. Parece sacado de una novela inglesa. Y casi nadie lo visita.
El lugar donde parece que Argentina desaparece
Se llega fácil, en bici o en auto, saliendo desde el centro de la ciudad. En apenas veinte minutos quedan atrás las casas y el movimiento. Cada vez hay menos ruido, más campo, más silencio, más cielo.
Y entonces aparece. Al principio cuesta creer que siga existiendo.
El pórtico que marca el ingreso al cementerio.
Las primeras lápidas aparecen entre el pasto. Todas escritas completamente en inglés. Algunas tienen más de ciento cincuenta años. Y es inevitable preguntarse cómo terminó un pedacito de Escocia perdido en medio de la llanura bonaerense. La respuesta empieza muchos años atrás.
El cementerio escocés escondido a cinco minutos de Chascomús
Todo comienza a principios de la década de 1850. Un grupo de familias escocesas —apellidos como Bell, Graham y Dodds— llegó hasta las cercanías de Chascomús para criar ovejas y trabajar la tierra. Levantaron sus casas y formaron su comunidad. Celebraban sus reuniones religiosas en un rancho muy sencillo, dentro de la estancia La Adela. Sin saberlo, estaban escribiendo una parte poco conocida de la historia de nuestra ciudad.
Los escoceses ya habían echado raíces en la pampa. Esta fotografía, tomada hacia 1860 en la estancia Los Yngleses, inmortaliza a un grupo de colonos compartiendo un asado criollo.
Una epidemia lo cambió todo
En 1866 llegó el cólera. La enfermedad golpeó con fuerza a Chascomús y el cementerio católico ya no alcanzaba para recibir a todos los fallecidos. Fue entonces cuando la comunidad protestante decidió comprar sus propias tierras para enterrar a sus familiares. Así nació el Cementerio San Andrés, el que hoy todos conocemos como Cementerio Inglés.
Enfermos de cólera en Salto, provincia de Buenos Aires. La epidemia se prolongó hasta fines de 1867.
Pocos años después levantaron también una pequeña capilla. Lo más curioso fue cómo la financiaron: quienes tenían ovejas aportaban todos los años el equivalente al valor de diez animales por cada mil que poseían. Los demás colaboraban con dinero. Entre todos construyeron su iglesia, piedra por piedra.
El único mausoleo del cementerio
Hay una tumba que rompe completamente con el resto. Pertenece al Dr. John Maxwell Crosbie. Había llegado a Chascomús para atender a los enfermos durante la epidemia de cólera. Terminó contagiándose mientras los cuidaba. Murió por la misma enfermedad que había venido a combatir. Todavía hoy descansa allí, en el único mausoleo de todo el cementerio: un homenaje silencioso para alguien que dio la vida intentando salvar la de los demás.
El cementerio a plena luz del día. Al fondo, el mausoleo del Dr. Crosbie.
Las lápidas que siguen contando historias
Lo que más impresiona del lugar no son las tumbas. Es el silencio. Las lápidas del siglo XIX siguen casi intactas, todas conservan sus inscripciones originales en inglés. Caminar entre ellas al atardecer da la sensación de estar mucho más lejos que a cinco minutos de Chascomús. Como caminar por otro país, por otra época.
Lápida en inglés.
Hoy el Cementerio San Andrés y su capilla fueron declarados Patrimonio Histórico, Cultural, Paisajístico y Arquitectónico de Chascomús. Incluso existen visitas guiadas organizadas por el municipio.
Eso sí: el camino todavía conserva su fama, no es el mejor. Y quizás justamente por eso el lugar logró mantenerse casi intacto durante más de un siglo y medio. Se recomienda hacerlo en bici o en auto; a pie, el tramo final es de tierra.
Historias de Chascomús
Uno cree que ya conoce Chascomús: la laguna, la costanera, los restaurantes. Y, de repente, alguien dobla por un camino cualquiera y aparece un rincón donde el tiempo parece haberse detenido hace ciento sesenta años. Eso es lo que más sorprende de esta ciudad: siempre encuentra una forma de volver a mostrar algo nuevo.